domingo, 11 de noviembre de 2012

10/11/12


...Y es que desde niño, siempre soñó con ser un escritor famoso, reconocido, con muchas publicaciones a cuestas. Así se veía, conociendo otros escritores igual de famosos y reconocidos, tal vez jugando con ellos algunas partidas de póker mientras bebían del whisky más caro.

Siempre vivía imaginando historias, y en ellas, conociendo gente, recreando situaciones, buscando siempre las palabras correctas para describir todo lo que ocurría y podría ocurrir.

Con apenas 18 años, sigue soñando lo mismo, y esta vez, el sueño crece al verse por primera vez publicado en una revista local:

Me gusta cuando te peinas y te maquillas,
me gusta más cuando no te preocupas por hacerlo.
Me gusta cuando me tomas de la mano
y me haces creer que soy yo el que decide a dónde ir.

Me gusta verte dormir, y encontrar en tus sueños las palabras.
Me gusta cerrar los ojos y ver que sigues aquí.

Me gustan las tardes de invierno,
y por ti aprendí a vivir también las de verano.
Ahora me gusta ver cada atardecer en la playa
porque me gusta ver "Cuando el sol cae y se ahoga junto al mar".

domingo, 5 de agosto de 2012

Hoy

Hoy desperté, cual miembro de la tercera edad, con ganas de ir al baño a sacudir el miembro porque la vejiga pedía descargar líquidos.

Hoy, como muchos otros días, cogí mi guitarra y como un buen rock star wannabe, tarareé melodías que fácilmente podrían volverse éxitos de ventas, de no ser porque... nunca tan talentoso. 


Hoy también, después de bañarme, y como un buen representante de los impedidos para la cocina y las labores culinarias, salí a buscar la empanada + chicha = 3.90 de los domingos. 


Hoy, más tarde después de eso, fui a Polvos Azules, donde después de recorrer varios de los pasillos, detuve la vista en una tienda de polos con estampados recontra palomillas como: "¿No quieres ponerle tu peluca a mi sansón?", "Tu novia nos engaña", "Cambio mujer de 60 años por 3 de 20" (potencial regalo de cumpleaños para tu siempre querido abuelito), entre otros.

E
s más que seguro que hoy me pasen muchas más cosas de las que valga la pena contar, pero probablemente la más importante, porque define mi rol como ser humano, sea que hoy tuve ganas de tener un hijo... pero definitivamente, más ganas tuve de hacerlo. 

viernes, 16 de marzo de 2012

Tal vez

Tal vez, algún día esta canción vea la luz, sólo tal vez...

Tal vez nuestro destino ya está escrito
Tal vez soñar aquí esté prohibido
Donde no encuentres nunca el olvido
Entre miles de rostros que te quieren ver caer

Y cuando quieras escapar sin saber a donde ir
Tal vez sea el camino...
Tal vez debas huir...
        
Quizás esta historia sea diferente
Pero quizás termine como las demás
Quizás esto no sea más que un juego
En el que el juguete eres tú

Y cuando quieras escapar sin saber a donde ir
Tal vez sea el camino...
Tal vez debas huir..
Pero siempre recuerda, no importa qué camino
Por ti yo estaré ahí.

lunes, 3 de octubre de 2011

Lunes

Mírate, ahí, cansado, acabado, con ganas de nada, abatido por ese monstruo llamado Lunes, esperando con resignación el Martes, y viendo con esperanza el Viernes. Y cuando todo está por terminar y la luna parece haber llegando a su máxima expresión, olvidas la migraña, el mal humor, y piensas en lo mucho que te gustaría dormir con ella, mientras la abrazas y respiras de su cabello.

Y mientras la piensas, coges tu vieja guitarra acústica, con sus aún más viejas cuerdas de metal, que alimentan su síndrome electroacústico… y con un Do mayor intentas recordar alguna canción que grite en silencio lo que sientes...

I´m sorry that it took so long to write this song
but I gave up

You see, one million words can't describe how it feelsto know your love…

Pero algo anda mal, y entiendes que esos versos no son para ti, porque no son tuyos… Entiendes que lo que mejor refleja lo que sientes sí son las canciones, pero esas que tú mismo escribes y cuyos versos vomitas buscando la tan esquiva introspección.

Con algo de timidez cambias el orden de las notas y sacas de un cajón un pedazo de papel y un lápiz mal tarjado que empieza a dibujar, letra a letra, verso a verso, eso que cada día le dices de mil formas, intentando encontrar una forma más:

Lamento que me haya tomado tanto tiempo escribir esta canción…
Pero quería tener las palabras exactas.
Y verás, tengo tantas cosas que decirte, que todas mis palabras nunca bastarían
Pero al menos puedo intentar buscar las adecuadas.

Y es que contigo quiero todo y para siempre
Bien y no tan bien, para siempre.

Prometo una sonrisa en tus manos al cruzarse con las mías.
Prometo atardecer tus días con mi hombro como almohada
Y despedir mis noches con tu voz.

Y es que contigo quiero todo y para siempre
Bien y no tan bien, para siempre.

Prometo recibir mis mañanas con tu sonrisa
Y vivir mis días enamorado de tu amor.
Y yo, por ahora, solo quiero que me prometas un mañana
Porque sin un mañana, no podría prometerte nada.

Y es que contigo quiero todo y para siempre
Bien y no tan bien, para siempre.



Y escribes rápidamente para no olvidar ningún verso, ninguna palabra, ninguna tilde ni ninguna intención, porque cuando se trata de ella –y para ella-, todo es importante y todo debe ser perfecto, pero sobre todo, buscas en tus versos la perfección que tú no tienes y que probablemente nunca alcanzarás.

miércoles, 20 de julio de 2011

Porque...

¿Por qué?

Porque no quiero estar aquí… ni allá, porque sólo quiero estar y sentir.

Porque es difícil mantener la fe, más aún cuando ni siquiera sabes qué es.

Porque cuando la migraña deja de serlo, se vuelve una molestia más, sumada a eso que -una vida después- no sabes cómo llamar, porque ni siquiera sabes cómo describir.

Porque sabemos –o creemos- que algo malo pasa -o pasará- cuando aparentemente nuestros oídos se agudizan y podemos escuchar el beat de nuestros corazones, cuando lo que en verdad se intensifica, no es nuestra capacidad auditiva, sino ese beat cardiaco capaz de crear una melodía de nostalgia, decepción, tristeza y/o miedo, volviéndose un réquiem cuando las mezcla sin compasión.

Porque cada vez que me dices “Deja de caminar si no sabes a dónde ir”, mi respuesta siempre será: “Prefiero caminar y perderme, que quedarme quieto sin saber en dónde estoy”.

Porque, como tú, yo también he dibujado tristezas con las manos desnudas y no he tenido el valor para borrarlas, porque ni siquiera he tenido el valor para intentar hacerlo.

Porque, como tú, yo también he visto congelarse infiernos con sólo una mirada y he pasado de sentir frío a sentir calor en menos de lo que dura un pestañeo.

Porque una canción, una sonrisa, e incluso un recuerdo, pueden no ser suficientes para ser feliz, o a veces, pueden ser lo único que se necesite para serlo.

Porque esto termina como puede terminar cada uno de tus días, contigo en una cama, en soledad, con un par de ideas rondando tu cabeza, preguntándote por qué.

viernes, 24 de junio de 2011

Cuando estás conmigo...

Nunca antes había sucumbido ante ti, al menos había hecho todo lo posible para no hacerlo, pero mis eternos esfuerzos parecieron no ser suficientes. Caí, y por más que siempre creí que en éste fatídico –y antes hipotético- caso lograría escapar de tus garras con facilidad. Ahora entiendo que no es así, que no lo es para nada.

Cuando estás conmigo, no puedo pensar, no puedo hacer nada bien, porque lo único que pienso –y que quiero- es estar debajo de unas cálidas sábanas tratando de dominarte, cuando, en realidad, eres tú la que hoy me domina.

Sí, así es, porque cuando estás conmigo, innumerables son las hojas de papel higiénico que utilizo para limpiar las secreciones que me haces producir. Sé lo que piensas, pero no siempre hay dinero para comprar los tissues del cachorrito ese, aunque a veces esa falta de dinero implica cierto ardor al momento de…

Cuando estás conmigo, son esquivos los deseos de una cerveza con mis amigos o de un buen pucho bajo la lluvia. Nada de eso resulta atractivo cuando estás conmigo, pero eso se acabó. Pensé que el tiempo me curaría de ti, pero no fue así, no lo fue para nada.

Pero no te preocupes, o mejor dicho: preocúpate, porque la solución a mi problema –a ti- resultó ser aquella pastilla de la que todos hablan. Adiós compañera no deseada, adiós gripe. Hola Nastizol.

miércoles, 20 de abril de 2011

Lima

“Lima es una puta de mierda, juega con quien más le conviene.
Y él, para variar, normalmente no era el más conveniente”
Lima - La Forma.


Es miércoles por la noche, y desde el interior de la casa se oyen gritos, insultos, balazos y sirenas policiales. Guille y Mario se abrazan y buscan la protección de su madre, quien intenta calmarlos diciéndoles que no se preocupen, que todo estará bien.

A la mañana siguiente muy temprano, camino al colegio, Guille y Mario notan en las esquinas y veredas de su calle vidrios rotos, gotas de sangre y un inconfundible olor a violencia, a desgracia y a muerte.

- Mami, ¿por qué hay gente mala? – preguntaba Guille mientras se acomodaba la mochila.
- Porque seguramente sus papás no estuvieron con ellos de chicos o porque si estuvieron no los supieron criar – respondía con tímida convicción.

Aquella conversación con su madre sería la que más recordaría en un futuro. Guille tiene 8 años, vive con Carmen, su madre y su pequeño hermano Mario, de 3 años. Su padre trabajaba en provincia y viajaba a Lima para verlos una o dos veces al mes y enviaba mensualmente una cantidad de dinero para el sustento de su familia.

Una tarde, su madre salió a recoger un giro enviado por su padre y dejó a Guille al cuidado de Mario. Entrada la noche, mientras ambos niños jugaban, llamó a la puerta un sujeto de unos 40 años, robusto y con semblante apático. Pero no fue ninguna de estas características la que llamó más la atención de Guille, sino el hecho de que este hombre estuviera uniformado.

Era policía, y pedía hablar con algún adulto, a lo cual Guille respondía que vivía sólo con su mamá y su hermanito. “Mi mamá salió y mi papá trabaja lejos y nunca está” – intentaba explicar el pequeño Mario. El policía intentó explicarles que su madre demoraría y que lo mejor era llevarlos a la comisaría hasta que pudieran contactarse con su padre.

Un grupo de pandilleros había querido robarle a Carmen el dinero del giro cobrado y al intentar resistirse, le dispararon dos veces, acabando con su vida, acabando con la infancia de sus hijos y acabando con la promesa que alguna vez le hizo a su esposo de estar siempre con ellos. Al día siguiente, el titular de un periódico resumía lo ocurrido: “En San Roque, las esquinas son habitaciones para la muerte y las viejas veredas la puerta de entrada hacia ella. Mujer identificada como Carmen Zevallos (39) muere a manos de pandilleros al intentar resistirse al robo de 300 soles que cargaba consigo”.

Desde entonces, aquella hasta entonces disfuncional familia, lo fue aún más. El padre de ambos renunció a su trabajo en provincia para poder viajar a Lima y cuidar de sus dos hijos, ver los trámites del entierro de su esposa y buscar un trabajo que lo ayude a seguir manteniendo a sus dos hijos. Las cosas no fueron fáciles, el dinero ahorrado era poco y se tuvo que gastar en el sepelio de Carmen. Sin embargo, desde entonces y en menos de un año sin trabajo aparente, el padre de ambos niños empezó a llevar una mejor calidad de vida a casa.

Guille nunca preguntó, nunca quiso hacerlo, por miedo a la verdad, o para no tener que mentir cuando se le preguntara, o simplemente tal vez porque la pasaba demasiado bien como para preocuparse por qué.

Una noche, mientras ambos niños jugaban esperando a que su padre regresara con la cena, llamó a la puerta una imagen conocida, un policía. No recordaban si era el mismo de un año atrás, no importaba si lo era, lo que importaba era por qué estaba ahí.

Nuevamente guiados a la comisaría, un capitán intentaba explicarles que su padre estaría, nuevamente, un tiempo fuera de la ciudad y que ambos serían llevados a un albergue. La verdad era otra, su padre había sido intervenido y reconocido como un micro contrabandista de drogas por lo cual se le abriría un proceso penal que seguramente lo enviaría a la cárcel unos años.

- Guille, ¿por qué hay gente mala? le preguntaba Mario mientras eran llevados al albergue.
- Porque si no hubiera, nos hubiésemos muerto de hambre
– respondía Guille, con una mirada capaz de congelar el infierno.

viernes, 8 de abril de 2011

"Lo sé"

Lo sé, algunos días son mejores que otros, por muchos motivos, por no tenerte a mi lado, porque somos como somos, porque algunos días la ansiedad es la única presente, o simplemente porque al final nos ganan las ganas de ver sonreír al otro y poder abrazarlo, besarlo y perdernos en su mirada.

¿Sabías que creo que la felicidad son sólo momentos efímeros que buscamos prolongar día a día? Pues sí, porque nadie puede sentirse feliz todo el tiempo. Y ¿sabes? Tú eres mi felicidad, y aunque suene ilógico, tal vez no puedas hacerme feliz todo el tiempo, pero eres la única que puede hacerme feliz.

Entonces, ¿si jugamos a ser felices? No, espera, tengo una mejor propuesta. ¿Y si mejor jugamos a hacernos felices? Así como empezamos a jugar sin siquiera darnos cuenta. Así como hasta ahora lo venimos haciendo y así como querremos jugar siempre.

Gracias por los detalles, por los abrazos, por las jaladas de cachetes, por los codazos, por los besos, por los “ay, qué huevas eres” y sobre todo por todas esas veces que me has dicho, sin decirme, que me amas.

jueves, 24 de marzo de 2011

Soundtrack

De pronto, Diego despertó con las notas de una vieja canción sonando en el despertador. De pronto también supo que no sería un día como cualquier otro. Esa sensación de saber que algo pasaría, la expectativa de saber qué y sobre todo, de saber si sería bueno o malo. Sólo estaba seguro de que el día terminaría con una sonrisa, pero le incomodaba no saber si sería una sonrisa de tristeza o de alegría.

El día transcurrió con aparente normalidad y la expectativa fue agonizando hasta caída la noche, en la que irremediablemente murió y Diego se veía camino a casa a bordo de un taxi. Buscaba al parecer ese “no se qué” al mirar por la ventana del vehículo mientras las calles pasaban velozmente una tras otra mientras recordaba aquella vieja canción con la que había iniciado su mañana.

Bajo las luces y la melancolía de la ciudad encontró entre tanta gente perdida, un rostro conocido, un nombre de la adolescencia y un amigo inolvidable: Daniel. Casi por inercia, sacó de su billetera un Valdelomar, y dejándolo caer en manos del conductor bajaba presuroso del taxi.

- Huevón, a los años. ¿Qué es de tu vida?

Daniel tardó unas milésimas de segundos en reconocer a ese amigo al que no veía hacía más de 7 años pero cuando lo hizo, el mundo pareció retroceder hasta cuando terminaron la secundaria.

- Trabajo acá en Angamos, a 4, 5 cuadras. ¿Tú? ¿Qué es de ti?
- Nada, me estaba yendo a mi casa pero como vi un pata con cara de huevón, te reconocí y me bajé.

Caminaron unas cuadras y el destino lo dijo todo. Semáforo en verde, el sabor del fuego consumiéndose con cada bocanada y una calle llena de bares. La noche era una rubia vestida de verde que se encargó de aflorar los mejores recuerdos de probablemente la mejor época de sus vidas.

- ¿Qué fue lo que le escribiste a Karen? ¿Te acuerdas? – preguntaba Diego con un tono burlón.
- “Las mañanas sonríen cuando tus ojos las iluminan con su brillo”.
- (risas) Con ese floro con razón te mandó a la mierda.
- (risas) Sí huevón, uno pensando como idiota algo bonito para que una “super golfa” como ella venga una y me cancele.

Diego había estallado en risas al recordar que en su adolescencia, el término “super golfa” era el calificativo que usaba Daniel para todas mujeres que lo habían rechazado, por golfas, por putas, o probablemente por sensatas.

- Me acuerdo que me tenías huevón todos los días diciéndome que sacara en guitarra El espejimo… porque según tú, el F la había escrito pensando en ti.
- (risas) ¿Te acuerdas? Era mi himno. ¿Y qué fue de tu basura de guitarra, la sigues teniendo?
- Obvio, es reliquia histórica. Si siempre me acuerdo cuando nos metimos una bombaza según nosotros para ponernos creativos y escribirle una canción a tu “super golfa” que ni siquiera me acuerdo cómo se llamó.
- (risas) La que no tiene nombre. Yo me acuerdo el título nomás porque todo lo que escribimos después se volvieron lagunas al tercer “berraco”.
- Fue una bombaza, terminé vomitando hasta lo que no había podido cagar en la tarde... Huevón!! – exclamó como si algo lo hubiese exaltado. Eres un recontra huevón, esa vez que, de todos, te invitó solo a ti a su cumple y no quisiste ir.
- ¿Estás con los recuerdos? –respondía Daniel mientras soltaba una carcajada y daba una larga pitada a su cigarro. Las flacas como Karen vienen y van, pero un Carty en parque con los patas no tiene precio.
- Tranquilo MasterCard. Ahí se te pudo hacer y la cagaste.
- Fácil, pero si tenía que ser, iba a ser, sino, igual siempre hay muchas “super golfas”.
- En la mañana justo me acordaba de la reu que hizo Karen ese 14 de febrero en su casa. Cuando medio ebrios empezamos a cantar...
- ...Maracas - interrumpía Daniel - "tú la guitarra y yo maracas, ella 15 y nosotros 16" - cantaba. Qué buenas épocas de mierda, huevón, si ese día hasta terminamos cantando esa mariconada de Camila.
- (risas) Claro, peor que borracho necio es terminar borracho romántico - exclamaba. Alucina que la otra vez hablé con Natalia y nos acordamos del tono en su jato, de esa vez que te le mandaste y como te canceló te agarraste a su hermana.
- Sí, fue la cagada. Yo no sabía que la hermana quería conmigo y después del agarre empezó a decir que estábamos - recordaba Daniel con una carcajada.
- Ese día fue la cagada, si de asado y necio terminaste cantando sólo: “Necesito olvidarte, estoy a punto de odiarte, pero nuevamente es viernes me traiciona la razón. Porque nada es suficiente, si estar mal es lo de siempre seguiré mezclando ganas con alcohol”.
- (Risas) Te acuerdas solo de las veces en las que yo salgo cagado. ¿Y tú? Que te gileabas a todas pero al final no estabas con ninguna .
- ¿Para qué?– respondía Diego. No soy como tú, que no puedes vivir sin flaca. Eres alérgico a la soltería, sino se te pone peluda la mano. La soledad es libertad… - en ese momento algo lo interrumpía. Lo llamaban al celular. La soledad es libertad, pero no se puede ser libre todo el tiempo– concluía con una sonrisa mientras se paraba de la mesa para contestar la llamada.
- Quién diría. El que decía que las flacas estaban locas y que no se podía estar con ninguna… - se burlaba Daniel.
- Lo sigo diciendo, y la mía también está loca, como todas, pero qué se hace, tarde o temprano toca – respondía Diego mientras se alejaba del bullicio para que su excusa sea más creíble.

-Hola ¿qué tal? … Bien, aquí, me encontré con un amigo que no veía hace años y estamos tomando unos tragos… Karen, ya, ¡cálmate! Es un amigo que no veo hace tiempo. Ya nos vemos mañana.

Diego regresaba al bar mientras guardaba su celular en el bolsillo y con un gesto le indicaba al mozo que llevara tres cervezas más a la mesa.

Adentro la gente respiraba recuerdos mientras desde afuera se escuchaban dos voces notablemente quebradas y aletargadas por la ebriedad entonando: “Cantinero, dos serpentinas bien helenas al polo campo. Me hace falta un sencillo, no hay problema, la casa invita…”

martes, 8 de febrero de 2011

Donde estés

Me dejaste un adiós, dejaste a mis brazos esperando cruzarse con los tuyos y saber que así sería. No sólo me dejaste eso, sino también recuerdos inconclusos que tuvieron finales forzados por mi mente.

Seis años no fueron poco, pero tampoco fueron mucho, de hecho, a veces creo que no fueron nada, menos aún cuando uno no sabe que parte de su vida tiene una fecha de vencimiento.

¿Que cómo estoy? Es muy tarde para preguntar, ¿no lo crees? ¿Cómo estarás? No creo que deba saberlo, no creo que quiera saberlo, y supongo que tú tampoco quisieras que lo sepa.

Algunos no están hechos para querer ni para cuidar de otro, mucho menos para cuidarse a sí mismos. Probablemente por eso nunca te juzgué, porque así eras. Cada camino tomado siempre parece ser peor que el que hubiésemos querido tomar cuando la única que parece tener razón es la retrospectiva.

Me hubiese gustado aprovechar cada momento, cada abrazo, cada mañana al despertar y cada noche esperando por ti. Me hubiese gustado que no te fueras, que no te fueras nunca. No sé si tengo algo que agradecerte, o algo por qué odiarte. Pero al menos, como dice mamá, nos diste, sin quererlo, los mejores regalos que hayamos podido recibir. A ella, alguien por quién vivir, y a mi, al menos la mitad de lo que debí recibir, media familia.

¿Que cómo estoy? Haciendo lo único que puedo hacer por ti. Escribiéndote una carta que nunca leerás, preguntándome tantas cosas y obteniendo ninguna respuesta. ¿Cómo estarás? Espero que, donde estés, cerca, lejos, vivo o muerto, sonrías al menos una vez al día, porque, gracias a ti, entendí que hay sonrisas de tristeza, de nostalgia, de felicidad, y sinceramente espero que al menos una de ellas pueda esbozarse en tu rostro, donde estés.

domingo, 30 de enero de 2011

A veces

A veces el camino resulta más dificil de lo pensado, algunas otras, mucho más facil de lo que debería, por lo que nos preguntamos si realmente es el camino correcto. A veces eso no nos interesa y lo seguimos recorriendo para no perder el "tiempo invertido", sin darnos cuenta que el tiempo lo seguimos perdiendo al recorrer un camino perdido.

A veces quisiera volver a tener 8 años, y poder vivir mis días, tardes y noches en el parque, con mis amigos, sin problemas y siempre sonriente al desconocer el mundo. A veces quisiera madurar un poco, pero después entiendo que al hacerlo, no sería yo.

A veces, lo único que necesitamos, es caminar sin rumbo, sintiendo la brisa penetrando nuestros sentidos, sólo guiados por las luces de la ciudad, y por toda esa gente alrededor que sí parece saber a dónde ir. A veces, lo que necesitamos es llegar a casa cansados, dejarnos caer sobre la cama y escuchar una buena canción mirando al techo mientras detenemos el tiempo por 3 minutos.

A veces, cuando la soledad toca nuestra puerta y evitamos atenderla, aún sabiendo que no se irá, lo único valioso es una sonrisa, tuya, mía, o incluso de algún desconocido.

A veces necesitamos estar solos, tristes, sin nadie a quién buscar ni llamar, sin nadie a quien extrañar. A veces necesitamos estar acompañados, felices, sabiendo que tenemos alguien a quién buscar para que con sólo unas palabras, esto valga la pena. A veces quisiera estar solo. A veces quisiera estar contigo. A veces quisiera estar con ustedes. A veces, tan solo a veces deseo que sea para siempre.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El Faro

18/12/08

- Manu, ya pues, ¿qué haremos con los chicos antes que te vayas?
- No sé, ya vemos después, igual ni que me fuese toda la vida. Solo voy a pasar Navidad con mi viejo y vuelvo.
-Así te vayas un día, igual queremos despedirte. No vaya a ser que te enamores de alguna cruda y te quedes. Además, ni siquiera quieres decirnos cuándo te vas, así que tenemos que aprovechar todo lo que se pueda.
- (Risas) Ay, monga, más dramática. Por eso tu fan te para escribiendo fresadas, porque sabe que te gusta hacer novela de todo.
-Ay, qué pesado eres. Ya vas a comenzar. Por las puras les cuento.
- (Risas) Pero por lo que nos dices, te tiene bien en alto ¿no? De hecho que no te conoce, sino... O facil a la hora de escribir el mail se equivoca de contacto y te lo manda a ti.
- Manu, no jodas. Voy a almorzar, cualquier cosa me avisas. Chau.
- Yap, nos vemos.

Me llamo Alejandra, tengo 17 años, y él es Manuel, mi mejor amigo y también tiene 17 años. Vivimos muy cerca el uno del otro, nos conocemos desde la secundaria, acabamos de terminar el colegio y lo único que queremos por ahora, como cualquier adolescente que termina el colegio, disfrutar nuestras vacaciones, salir con nuestros amigos y pensar qué queremos hacer con nuestras vidas.

Esa misma tarde Manu me texteo para ir a caminar al parque Raimondi con los chicos, específicamente al lugar que fue nuestro "point" desde nuestros primeros años en la secundaria: El Faro. Fuimos Daniel, Gerardo, Aracely, Manuel y yo, o, como les decimos de ¿cariño?: Cabeza, Pezuña y Lobacely, respectivamente. ¿Que si somos buenos amigos? Sí, lo somos. De hecho nunca conocí personas tan buenas y tan nobles como ellos. ¿Que qué hacemos ahí? Pues caminar, sentir la brisa del mar penetrando nuestros sentidos y sobre todo, sonreír. Sin embardo, esta salida no fue como otras. Por más que queramos negarlo, lo extrañaremos, y por más que nos contemos lo bien que la queremos pasar este año nuevo, todos sabemos que sería mejor si él la pasara con nosotros.

- Ya no se sean tan nenas, que así me vaya una día o 3 años, los voy a extrañar.
A ti, Cabeza, porque ya no voy a tener a quién ayudar a vomitar en las reus. A ti Pezuña, porque, puta madre, a ti no creo que te extrañe mucho porque lo mejor de no verte es no tener que oler tus patas. Tú, Lobacely, cuidado el 31 que fácil cuando vuelva ya estás con paquete. Y a ti, monga, sí, fácil sí te extraño un toque. De hecho, lo mejor de ya no verte tooodos los días es que voy a poder extrañarte, y, con fe, tú también a mí.

Acabo de llegar a mi casa, estoy muerta, no se cuánto tiempo estuvimos caminando, probablemente el mismo tiempo que estuvimos diciéndonos lo mucho que extrañamos el colegio, -a pesar de haberlo terminado hace unos cuantos días- lo mucho que extrañaremos poder vernos a diario, poder mandarnos mensajes de texto estando a dos metros de distancia, de hecho, cuánto extrañaremos saber que ya no podremos regresar a casa juntos saliendo de clases, bromeando, repartiéndonos las tareas para poder salir por la noche a caminar, como ha sido nuestra tradición desde que nos conocimos hace 5 años, al Faro.

De vuelta en casa, muero de sueño pero primero quiero twittear que extrañaré el cole. Al revisar mi correo veo que hay un nuevo mensaje del payaso ese que me escribe para molestar.

"Alejandra, espero que pases una feliz Navidad, y que el próximo año todo sea mejor para ti. Sé que te molesta que te escriba, y no te preocupes, esta será la última vez que lo haga, porque duele saber que me lees, pero que no quieres responderme. ¿Pero, sabes? No todo será malo. Lo mejor de ya no escribirte será que podré extrañarte, y que, con un poco de suerte, tú también podrás extrañarme".

- ¿Qué? ¡Carajo! - pensé- ¡No me jodas!. Nada tenía sentido. No podía ser. Intenté llamarlo a su celular y no contestaba y era muy tarde para ir a buscarlo. Mañana por la mañana iré a verlo y tendrá que explicarme por qué.

19/12/08

- Señora, ¿qué tal? ¿Estará Manu?
- Ya se fue -
me respondía con una voz resignada y quebrada , fatídicamente complementada por una media sonrisa.
-¿Qué? ¿A qué hora?
- En la madrugada. Fuimos al aeropuerto a despedirlo.
- Nunca nos avisó - le respondía sorprendida, sin saber qué pensar, sin saber qué hacer, sin siquiera terminar de procesar toda la información recibida en las últimas horas.
- Sí, ya sabes cómo es, no le gustan las despedidas y eso. Tampoco quería que lo acompañaramos.
- Y, ¿sabe cuándo vuelve? -
interrumpí ansiosa.
- Cuando termine sus estudios, se supone - me decía casi balbuceando.
- ¿Cómo? ¿No se fue a pasar solo las fiestas con su papá?
- No, sí se fue con su papá, pero a vivir con él mientras estudia en la universidad.
- Gracias, señora. Hasta luego -
atiné a decirle presurorsa, yéndome sin siquiera saber a dónde.
- Cuando llame, le diré que viniste a buscarlo - me decía a lo lejos mientras yo buscaba un rumbo, un norte, mientras me buscaba a mi dentro de un recuerdo aún vigente.

Una vez procesada toda la informacion, lo primero que hice fue ir a buscar a los chicos y contarles que Manuel se había ido, antes de tiempo, y sin fecha de regreso. Esa misma tarde fuimos de nuevo al Faro, a caminar, a pensar, cruzando algunas pocas palabras. "¿Cómo pudo ser tan imbécil de escribirme tanto tiempo y de no decirme nada teniendome todos los días al frente? - pensaba odiándolo y extrañándolo a la vez.

Desde ese día no supimos más de él, aprendimos a extrañarlo, aprendimos a escribirle mails y a no obtener respuesta. Sin embargo, con el tiempo, también aprendimos a aceptar que aquellas tardes frente al mar parecían un viejo sueño que había que olvidar si lo que queríamos era afrontar el futuro: La universidad, la inminente separación del grupo pues cada uno estudiaría carreras diferentes, en universidades diferentes, por lo que, nuestras ahora esporádicas visitas al malecón se convirtirían - y de hecho se convirtieron- en un lejano recuerdo y en nostalgia al sentir la brisa del mar.

Sin embargo, y a pesar de los años, procuramos no perder contacto. Daniel, Gerado, Aracely y yo nos escribimos por Facebook - Manuel nunca quiso crearse uno. Por un tiempo, nos llamamos para acordar una que otra salida cada dos o tres meses, y sobre todo, los cumpleaños, que al menos para nosotros, eran, son y seguirán siendo sagrados. Si había algún día seguro en el que recibiríamos la llamada de los otros tres, era en nuestro cumpleaños.

Hoy cumplo 22 años, estoy tarde para ir a la universidad. Los saludos de mi familia me han retrasado 30 minutos y me he retrasado otros 20, hablando por teléfono con Cabeza, Pezuña y Lobacely, quienes me prometen ir a visitarme hoy por la noche. Me baño y me cambio en exactamente 18 minutos, tomo un jugo de papaya en dos o tres sorbos y salgo apuradísima. Abro la puerta y:

-Monga, feliz cumple - me decía Manuel, súmamente cambiado, pero con esa misma naturalidad de siempre. ¿Me dijo mi mamá que me buscabas?

domingo, 14 de noviembre de 2010

Bang !

Llevo 6 años haciendo este trabajo. Debo admitirlo, al principio no fue facil. La sangre, el temor, la culpa, la habilidad misma que requiere mi profesión fueron un problema al inicio.

Con el tiempo todo fue mejorando. La sangre dejó de ser un problema, a menos, claro está, que salpicara hacia las ropas que he comprado con el dinero ganado desempeñando con habilidad mi labor. El temor se volvió rutina y la culpa simplemente un gaje más del oficio.

No me puedo quejar, la tarea es sencilla y la paga más que buena. tengo una buena vida y sí, es probable que más de una vez el remordimiento haya puesto lugar en mi corazón. Pero, tener corazón, en este trabajo, es ser un fracasado.

En mi haber llevo más muertes de las que me gustaría aceptar, o en todo caso, más de las que me gustaría recordar. Con apenas 23 años he visto lo mejor y lo peor de esta ciudad, lo mejor y lo peor de cada persona a la que se me ha encargado quitarle la vida. Pero sobre todo, he visto lo mejor y lo peor de mi.

Cuando pensaba que ningún nuevo trabajo podría atentar contra mi profesionalismo, llegó a mis manos la información de mi próximo cliente. Era nada más y nada menos que aquella chica, ahora ya mujer, que me había, no solo destrozado el corazón, sino humillado y casi incitado al suicidio por la infinidad de decepciones y lágrimas derramadas en mi adolescencia. Esta chamba la hago gratis, y hasta pagaría por hacerla yo y no dejar que nadie más la haga - pensé.

Después de unos días de seguimiento, tengo un registro detallado de tu rutina. Sé a qué hora te despiertas, sé cuánto tiempo tardas en ducharte y cuánto tiempo en llegar al trabajo. Sé también cuánto tiempo estas ahí y cuánto tiempo demoras en tomar el bus de regreso a casa. Es ahí donde se producirá nuestro tan ansiado encuentro, y donde por fin, podré mirarte a los ojos y mostrarte en qué me he convertido. No sería justo decirte esto, pero igual me gustaría hacerlo: "Hoy, soy lo que soy por ti, porque todo lo bueno que pude haber sido y hecho se fue a la mierda por ti".

Llegado el día, siento una extraña sensación en el pecho, de esos nudos que no nos dejan respirar y que apenas nos permiten tragar la saliba. Aquella sensación que no sentía desde mi primer encargo, pero no me pagan por sentirme culpable, sino por solucionar problemas, y en este caso, ella era el problema.

- Melissa, a los años.
- Miguel - articulaba con aparente sorpresa. ¿Qué ha sido de tu vida?
- Aquí pues, pasándola.
Cuando me disponía a sacar la pistola con silenciador y terminar con su vida, algo me impidió hacerlo. No se si la nostalgia, no se si aún sentía algo por ella, o si simplemente no era capaz de matar lo único que quedaba vivo de mi pasado.

- Oye, me tengo que ir, ahí está mi carro. Cuidate, qué gusto verte de nuevo, en serio - me dijo con una tierna sonrisa mientras estiraba su brazo para detener el bus que la llevaría a su casa.
- Melissa - le dije con voz fuerte para llamar su mirada hacia mi.

BANG !

Lo siento, pero si no lo hubiese hecho yo, alguien más hubiese venido a realizar la tarea en mi lugar y no podría vivir en un mundo en el que tú ya no estás.

Su cuerpo caía sobre el pavimento, mientras el bus, en medio de la noche, seguía su camino sin percartarse de lo que ocurría en el paradero donde Melissa y yo nos encontrábamos.

Lo siento, como ya dije, no podría vivir en un mundo en el que tú ya no estás.

BANG !


domingo, 31 de octubre de 2010

Halloween

La fiesta había sobrepasado sus expectativas. Carla había ido a Barranco con un grupo de amigos y la había pasado como nunca en aquella fiesta de Halloween. A las 2:34 salían de la discoteca, y esperaron por más de 20 minutos un taxi cuyo conductor sea confiable, o que al menos para ellos, en su ebriedad, lo aparente. Esto se debía a que Carla vivía en Jesús María y sus amigos en San Borja, Surco y Lince, por lo que irían quedándose en el camino y ella sería la última en bajar el vehículo. El elegido fue un taxista de unos 60 años, con voz noble y dulce semblante.

El camino desde Barranco hasta Jesús María, era considerable, por lo que el taxista inició una conversación con Carla para evitar que se duerma. Él le contaba que en sus épocas las fiestas de Halloween o de la Canción Criolla no eran como las de ahora. Tal vez sí en las criollas, en las que una guitarra, un cajón y mucha cerveza aseguraban una agradable resaca con sabor a peña.

Carla intentaba seguir la conversación pero el sueño era más fuerte. “Desde hace unos años, mi hijo y yo salimos los días como hoy y aprovechamos la fecha para pasarla juntos y hacer algo como padre e hijo ya que no podemos salir muy seguido”. “Ah, qué bueno por usted y su hijo. ¿Y hoy qué hicieron?", preguntaba ella. “Todavía nada –respondió él- Pero usted nos va a ayudar”.

Somnolienta, volvió en sí al escuchar eso. Con una sonrisa nerviosa y manos sudorosas preguntó a qué se refería. Él, ahora con una voz ya no tan noble y con un semblante aún menos dulce le contaba que su hijo se había escapado de la cárcel hace algunos años y que se escondía en su casa. Que la única fecha en la que podía salir y aprovechar el tumulto de la gente y el alboroto en las calles era el 31 de octubre.

"Señor, aquí está bien, bajo" – suplicaba Carla, presa del miedo. De pronto, el auto frenó en seco, y el taxista, girando su cuerpo hacia ella, decía con voz fúnebre: “Vamos a parar aquí, pero usted no se va a bajar”. Mientras Carla intentaba entender qué era lo que quería decir el taxista, la puerta izquierda trasera se abría, y entraba en el auto un hombre de unos 35 años, robusto y con ojos desorbitados. El auto volvía a arrancar mientras el desconocido cerraba la puerta por la que acababa de entrar.

Con lágrimas brotando sutilmente, pero fingiendo una total entereza, Carla gritaba: "Señor, ya le dije que me bajo, no le estoy pagando para que deje subir otras personas ni para que esté diciéndome tonterías”. Esas fueron sus últimas palabras antes de perder el conocimiento por un fuerte golpe propinado por el desconocido.

(…)

Lentamente Carla abría los ojos, el dolor causado por el golpe era insoportable, pero al menos no estaba muerta, aunque en ese momento hubiese deseado, con todas sus fuerzas, estarlo. “Por fin muñeca, no me gusta que se desmayen cuando ni siquiera he comenzado”.

Carla intentaba reincorporarse y saber qué pasaba. Ya no estaba en el auto, estaba en una casa humilde, en una sala, recostada sobre un mueble, con el desconocido a su lado y, según los ruidos que escuchaba en una habitación contigua, había una persona más. No podía ser de otra forma, comprobó que era el taxista que salía de lo que era la cocina con dos botellas de cerveza y dos vasos. “Sírvete, hijo” – decía con la noble voz y el dulce semblante con el que Carla lo había conocido. El taxista se servía un vaso mientras encendía la televisión de la sala y aumentaba el sonido del mismo.

Carla lloraba y se maldecía por haber salido esa noche, por haber celebrado ese Halloween, probablemente, su último Halloween. El hijo del anciano, mirándola fijamente mientras la desvestía, parecía adivinar lo que ella pensaba. Mientras la ultrajaba y golpeaba le susurraba al oído “Tranquila muñeca, que sea Halloween no tiene nada que ver con esto. Siempre, sin importar el día, habrá alguien dispuesto a hacerte daño”.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Espero...

"Tal vez sea demasiado el tiempo que hemos pasado juntos. Tal vez sea sólo la suma de unos cuantos minutos. ¿Acaso importa? No sé tú, pero a mi lo único que me importa es poder perderme cada día en tu mirada, encontrar paz en tu sonrisa y saber que, para mi beneplácito, Dios se ha equivocado conmigo al darme mucho más de lo que merezco al ponerte en mi camino.

No hay día en el que haya dejado de demostrarte que soy yo aquel con el que debes estar, que soy yo aquel capaz de dibujar una sonrisa en ti y de robarte un beso al mismo tiempo. Porque desde que te conocí supe que eras tú aquella con la que quería estar, aquella capaz de ser, no necesariamente todo lo que buscaba, sino más bien, todo lo que necesitaba para vivir.

¿Hace cuánto que nos conocemos? Exacto, mucho menos tiempo del que quisieramos. Pero tranquila, aún nos queda algo de tiempo, a ti, para abrazarme no cuando quiera, sino cuando más lo necesite, y a mi, no para amarte siempre, sino para no dejar de hacerlo nunca.

Espero haberte dado, al menos, la mitad de felicidad que tú me has dado a mi. Espero ames tanto, como yo los tuyos, mis abrazos al dormir. Espero ames verme dormir, y sobre todo, como yo contigo, espero ames ser lo primero que yo vea al despertar.

No todos los días se cumplen 73 años, así que, además de desearte un feliz cumpleaños, deseo, como he deseado desde el primer momento, ames estar a mi lado tanto como yo a tu lado. ¿Que si estamos viejos? Tal vez, pero tranquila, aún nos queda algo de tiempo, a ti, para abrazarme no cuando quiera, sino cuando más lo necesite, y a mi, no para amarte siempre, sino para no dejar de hacerlo nunca".

martes, 31 de agosto de 2010

Escape

No todos los finales son felices, no tienen por qué serlo.

Sandra tiene 19 años, es una rulosa muy guapa de ojos marrones que vive con sus padres en un barrio de Lima y que lleva 2 años de enamorada con Javier. Su casa está ubicada muy cerca a un parque, al que todos los días van a jugar un grupo de mocosos. Joaquín es la cabeza de grupo de todos esos mocosos que no pasan los 15 años y que viven enamorados de Sandra y sus amigas.

Ella ya no era de salir a jugar voley pues esas épocas habían quedado atrás, con el término de la secundaria. Sin embargo, desde el momento en el que vio Joaquín, no dejó de asomarse por la ventana para ver a ese "chiquillo tan lindo". Por otro lado, él pasaba horas y horas en el parque con sus amigos, mirando de reojo, cada cierto tiempo, la ventana de Sandra.

El vivir en el mismo barrio y conocer a las mismas personas hizo casi inevitable el hecho de que una tarde se conocieran y no dejaran de hablar hasta muy entrada la noche. A esa edad es imposible no ser enamoradizo y tener problemas para elaborar frases sin bloquearse cuando esa persona te mira. Una sola frase, qué chucha, pero no te paltees ni te quedes callado porque se va a dar cuenta que te gusta , le decía uno de sus amigos.

Una noche de verano, Sandra hizo una pijamada en su casa con sus mejores amigas. Compraron algunas cervezas, se sentaron en el suelo formando un pequeño círculo e hicieron lo que todo grupo de mujeres hace en un pijamada: hablar de los chicos que les gustan. Sandra aceptó que estaba enamorada de Joaquín, y que si no fuese un "chiquillo de 14 años", probablemente estaría con él. Pero la historia era otra, ella es 5 años mayor y, más importante aún, está Javier, el clásico idiota que hace a todos preguntarse qué diablos hizo para estar con una chica como ella.

Al día siguiente, una de las amigas de Sandra no pudo más y le contó a Joaquín lo que Sandra había dicho en la pijamada. Él, con el corazón a mil por hora al enterarse de eso, no dejaba de sonreír ni de pensar en qué decirle a Sandra para demostrarle que no era un chiquillo, aunque, en su interior, sabía que lo era, pero qué importaba, no tenía que convecerse a sí mismo, sino a ella.

...Ese mismo día, por la tarde, mientras él perdía el tiempo con sus amigos, la vió hablando con Javier en la puerta de su casa, esperando paciente el momento para decirle que, si se decidía a tomar el riesgo, él podía ser lo que ella necesitaba. No podía dejar de mirarla mientras seguía hablando con sus amigos. De pronto ella empezó a llorar descontrolada y Javier, notablemente fuera de sí, se fue sin saber que no solo la dejaba, sino que la perdía para siempre. Ella se sentó sobre la vereda sin saber qué hacer. Joaquín sí sabía qué hacer, era el momento que había esperado desde el día en que la conoció.

Ella le contó que Javier se enteró lo que ella dijo del "chiquillo de mierda" la noche anterior y que, sin rodeos, le preguntó si sentía algo por él y que ella, al no poder negarlo, se quedó en silencio. Para variar, Joaquín no supo qué decir, sólo se limitó a escucharla llorar y a tratar de convencerla que todo estaría bien.

Javier nunca más volvió a buscarla, ni a aparecerse por el barrio. Se fue, tal vez fue lo mejor, de hecho, lo fue para Joaquín pues su relación con Sandra se hizo cada vez más y más unida, hasta llegar al punto de volverse enamorados un año más tarde. Él, con 15, apunto de terminar la secundaria, y ella, con 20, a punto de acabar su carrera, hicieron todo lo posible para mantener su relación. Y como en todas, hubieron altas y bajas, sobre todo si mientras tú piensas a qué universidad ir, tu enamorada ya está por graduarse. O si, mientras tú buscas un trabajo, tu enamorado aún pide permiso para llegar a casa a las 10 de la noche.

Hoy, 6 años más tarde, siguen juntos, más enamorados que nunca. Él está por terminar su carrera en Administración y ella acaba de entrar a trabajar a un reconocido estudio de abogados.

HEY, DESPIERTA!!

...Ese mismo día, por la tarde, mientras él perdía el tiempo con sus amigos, la vió hablando con Javier en la puerta de su casa, esperando paciente el momento (...) .De pronto ella empezó a llorar descontrolada y Javier, notablemente fuera de sí, se fue (...). Ella se sentó sobre la vereda sin saber qué hacer. Joaquín sí sabía qué hacer, era el momento que había esperado desde el día en que la conoció. -¿Qué pasó? Ella, entre lágrimas y frustración, le contó que estaba embarazada de Javier. Él no había tomado bien la noticia, de hecho, había terminado la relación pues no quería hacerse cargo de algo así.

Sandra ahora tenía otras cosas de qué preocuparse, y Joaquín, no podía hacerse cargo de algo así cuando apenas podía cuidarse a sí mismo. Tal vez ese fue el momento en el que lo que pudo ser, dejó de serlo.

¿No es sorpredente cómo tu destino puede cambiar de un momento a otro sin que siquiera lo esperes? o, peor aún, que esperes algo y que recibas algo completamente diferente? Sería perfecto poder escribir el final que queremos a cada una de nuestras historias, pero, así no funcionan las cosas.

Hoy, 6 años después, Joaquín aún sueña con ella de vez en cuando, sueña un final alternativo a su historia para pretender olvidar que desde ese día no volvió a saber más de ella pues sus padres la mandaron al extranjero.

Como dije, no todos los finales son felices, no tienen por qué serlo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Soledad

Como todos, tiene muchas ideas en la cabeza, y como muchos, algunas son buenas, y la otra gran mayoría, son malas. Es consciente de que es dificil luchar contra sus demonios, y sabe también que, muchas veces, ellos ganarán la pelea. Es más dificil aceptar que la felicidad son sólo momentos efímeros que buscamos prolongar día a día, pero, ¿y qué si las cosas andan mal?

"¿Para qué luchar contra algo que no podemos manejar? ¿Para qué pelear por algo que posiblemente nunca podamos ganar? Ya todos sabemos el final de la historia. Todo héroe morirá en el intento, o sufrirá en carne viva lo suficiente como para rendirse a medio camino. El destino se caga en ellos, los deja solos. Pero qué importa, felicidad y soledad son sólo dos palabras que no son tan diferentes".

Sí pues, es jodido saber que las cosas buenas no están hechas para todos.

"Pero está bien, tus días transcurrirán entre una jodida tranquilidad, mezclada por momentos con una incompatible ansiedad, logrando así, ocupar tu tiempo intentando describir tan extraña sensación, dejando de lado la nostalgia, que en estos días está sobrevalorada, porque total, de peores cosas has salido".

¿Qué hacer con la soledad? Pues, lo mejor que podemos hacer con todas las cosas que nos acompañan a diario, aprender a convivir con ella. La noche está por caer, y gracias a ella entiende que no hay nada más liberador que estar frente a la puesta del sol y gritar lo que se le venga en gana. Adiós atardecer, adiós problemas, adiós soledad. Nos vemos mañana, como siempre, a la misma hora.

miércoles, 18 de agosto de 2010

La cena

Ambos tienen 27 años, se conocen desde hace 9 y llevan de enamorados casi 7. Ambos concuerdan en que han sido casi 7 años de buenos y malos momentos que los han ayudado a crecer y que, sobretodo, han fortalecido la relación pues todos aquellos momentos, los vivieron juntos.

Sin embargo, no todo es felicidad constante. Pocos días antes de llegar a la tan esperada fecha de los 7 años, él empezó a mostrarse diferente, por algún motivo pasaba menos tiempo con ella y algunas veces hasta dejaba de contestarle el celular. Como es costumbre, en esto tipo de situaciones, y por un sentimiento de culpa autoinflingida, ella pensó que el alejamiento de su novio se debía a algún acto suyo que pudiera molestarle, por lo que decidió compensarlo y solucionar todo posible problema llevándolo a una cena romántica como conmemoración de su séptimo aniversario.

Llegó la noche y quería que todo saliera perfecto. En una cita previa con el gerente del restaurant, ella separó una mesa en una determinado ambiente del lugar, para que sólo fueran él y ella. De hecho, hasta se acordó con el mozo los momentos y el orden adecuado de hacer su aparición para atenderlos.

Ella esperaba con ansias la cena. Veía la ocasión como un nuevo comienzo, y posiblemente se sentía como en su primera cita, la cual, de hecho, fue con él. Él llegó al lugar despreocupado, incluso un poco acelerado, actitudes que no despertaron la menor molestia en ella. Como se había planeado, el mozo, después de calcular unos 15 minutos desde que ambos se sentaron en la mesa, se acercó con la carta. Ambos hicieron sus pedidos, el mozo los tomó y se retiró del ambiente.

Avanzada la conversación que ambos iniciaron, ella comprendió que su novio, el chico atento, cariñoso, y en muchos aspectos perfecto, había olvidado por completo su aniversario. Su corazón se hizo trizas aún más rápido de lo que una bala pudiera haberlo atravesado.

El mozo regresó con los pedidos, y en lugar de servir el vino semiseco que ella había ordenado, llevó dos copas de champagne, cortesía de la casa, decía. Dadas las circunstancias, ella no dio la menor importancia a eso, pues en su cabeza, habían cosas más importantes por las cuales preocuparse.

Ella, con un semblante triste, trataba de fingir su estado e inició una conversación trivial para mantener el ritmo de la cita. Él se mostraba ansioso, sus respuestas eran cortas y en ocasiones cortantes.

De pronto, se escuchaba en el local música de fondo, baladas. Esto, particularme la molestó, pues ella había pedido estricto silencio para la cena, sumado al hecho de que la cena no marchaba de la mejor manera. Para colmo, las canciones que sonaban eran sus preferidas, pero hubiese preferido escucharlas en otras circunstancias.

Posando su mano sobre la suya, él la miró a los ojos y sin el menor titubeo le dijo: -¿Te has dado cuenta que parecemos dos chiquillos de colegio? Cuando no estamos trabajando, estamos todo el tiempo juntos. Si nos nos vemos, nos llamamos todo el día, nos mensajeamos todo el día, chateamos todo el día y después de tanto tiempo parece que no te cansas, y a este ritmo, parece que nunca te vas a cansar.

-Pero...
- ...Déjame terminar.

Ella, invadida por los nervios, no supo qué responder, mientras sus ojos dejaban caer unas cuantas lágrimas.

De pronto, una a una, empezaron a pasar personas al ambiente que supuestamente estaba separado para la pareja. Ella, al notar la presencia de extraños, sólo atinó a secarse las lágrimas y a no tener contacto visual directo con éstas personas. Sin embargo, reconoció a todas y cada una de ellas, eran sus familiares y amigos más cercanos. En medio del intespestivo momento, ella no sabía qué ocurría. Él se ácercó a ella, la abrazó y le dijo al oído: "Felices 7 años, amor".

Entre sonrisas, su corazón volvía a latir en una sola pieza y a un sólo ritmo. Sus lágrimas de tristeza y decepción se convertían en lágrimas de alegría y felicidad.

- ¿Los trajiste para celebrar nuestros 7 años?
- No, los traje para celebrar nuestro matrimonio.

Ella, atónita y sin saber qué decir, lo miraba directamente a los ojos con una sonrisa indescriptible. Él, mientras sacaba del bolsillo de su saco un pequeño objeto que cabía en su mano, la miraba también a los ojos mostrándole lo que acababa de sacar y le preguntaba:
-¿Quieres casarte conmigo?

domingo, 15 de agosto de 2010

Res

Matías es un joven de 17 años que cursa su primer ciclo en la universidad. No es ajeno a la vida universitaria y un jueves, saliendo de clases al promediar las 8 p.m. se junta con unos amigos para ir a tomar unos tragos a un bar cercano.

Al promediar las 9 p.m. llega al bar acompañado de 3 amigos y sentados alrededor de una mesa redonda, ordenan rondas y rondas de chilcano, pisco sour y vino hasta casi la media noche, hora en la cual ya se encontraban a puertas de la ebriedad.

Al promediar las 11 p.m. recibe la llamada de su papá:
- Viejo, ¿qué tal? Estoy con unos amigos tomando unos tragos.
- ¿Estás bien?
- Sí, acá conversando un rato. Estoy en el Queirolo, ya en un toque más salgo.
- Ok, no demores y regresa con cuidado que tu mamá ya está molestando.

La llamada llegó a su fin. Matías pedía otra ronda de tragos y su padre, en casa, se quedaba preocupado porque algo le pudiera ocurrir a su hijo. Al promediar la 1 a.m. llegaba al bar su padre y lo buscaba con la mirada. Al verlo en una mesa con sus amigos, todos completamente ebrios, se acercó a ellos y cogiendo una silla de la mesa del costado, se sentó unió al grupo, mientras hacía un gesto pidiendo una ronda más de chilcanos para todos. Los muchachos lo saludaron, y su hijo, al comienzo sorprendido, ahora pedía un brindis por su viejo que todos secundaron al instante.

Con el pasar de los minutos, uno a uno, los amigos fueron abandonando el local para dirigirse a sus casas, pero Matías y su padre no parecían tener intención de irse, al menos no éste último. Dando sorbos de su trago, se dirigía a su hijo y le decía: "¿Así que te querías emborrachar? Ya pues, no te duermas todavía que voy a pedir un res".

Un res de Pisco era nada menos que una botella de pisco Queirolo, un Ginger Ale, unos cuantas rodajas de limón, hielo y jarabe. Al llegar el pedido, el padre se encargó de servir 2 vasos, acercando uno a su hijo. Ambos brindaron, conversaron un poco. Matías le contaba cómo le iba en la universidad, con su enamorada, de hecho, cómo le iba en general. Su padre hacía lo propio, pero para no aburrirlo, decidió contarle lo que era tener 18 años, las primeras novias, la universidad, los primeros pasos con el alcohol, las borracheras y sus respectivas resacas, hasta el haber conocido a su futura esposa, hoy madre de Matías, entre otras cosas propias de un adolescente.

El muchacho, que ya mostraba el semblante de un borracho vencido por el sueño y más de 5 horas ininterrumpidas de alcohol, no terminaba de creer que su viejo le hablara sobre cosas que nunca, ni de broma, se le habían ocurrido preguntarle. En medio de risas, su padre le respondía: "Ya te quiero ver mañana". A las 3 a.m. Matías y su padre, quien lo ayudaba a caminar, abandonaban el bar para tomar un taxi de regreso a casa, mientras balbuceaba cuánto lo quería.

Ha amanecido una nueva mañana de invierno, y contra todo lo que se pueda esperar, por las persianas se filtran tenues rayos de sol, que con el transcurrir de la mañana llegan a convertir el día en una tregua para el invierno. Este día soleado, sumado a los estragos de la noche anterior, dificultaban que Matías pudiera abandonar su cama y ponerse en pie. Sentado sobre la cama, y con las manos en el rostro, maldecía el haberse embriagado tanto la noche anterior, y a regañadientes lograba impulsarse para ponerse de pie y buscar con urgencia un vaso con agua. Al salir de su cuarto se dirige a la cocina. Al llegar, ve a sus padres conversando y desayunando, tomando café caliente, y, su padre, anticipándose a él, ya le tenía listo el vaso con agua. Matías, aún con mal semblante y enormes ojeras se dirige a él diciéndole: "Pá, no sabes lo que soñé ayer".

miércoles, 28 de julio de 2010

Gracias Perú

No importa de qué parte del Perú seas. No importa en qué parte del Perú estés ahora. Tal vez ni siquiera estés en el Perú. Lo importante es que, es imposible no sentirse orgulloso de éste país del que renegamos a diario, excepto, claro está, los 28 de Julio de cada año.

No puedo dejar de pensar qué hace a éste país tan especial que, a pesar de haber visto partir a muchos de sus hijos al extranjero, engendra en ellos unas ganas insuperables de regresar, no a un pedazo de tierra que los vio nacer, sino a su Perú querido.

Creo tener la razón al afirmar que Perú no sería Perú sin:

- Sus comidas: Estaré eternamente agradecido por el Arroz con pollo con Papa a la Huancaína, al Pollo a la brasa, al Lomo Saltado, al Ceviche, entre otras comidas nacionales, igual de exquisitas.
- Inca Kola, la bebida de sabor nacional, producida en Chile.
- Un gobierno "preocupado" solo por Lima, que no extiende sus brazos hasta el interior del país, donde muchas veces, por diversos factores como el friaje o la falta de control gubernamental, se llevan a cabo sucesos que bien podrían evitarse si se tuviese un verdadero gobierno descentralizado.
- Una Iglesia hipócrita y de mentalidad conservadora (por no decir "retrógrada").
- Aunque suene a publicidad, la creatividad e ingenio de su gente que todo lo puede hacer, y si no puede, tengo por seguro que podrá.
- Uno que otro tombo arreglador.
- Hermosas ciudades y paisajes que muchas veces no sabemos apreciar y cuidar.
- Pymes como las de Gamarra que, en gran parte, son las responsables de que éste pintoresco país siga a flote.
- Un pueblo que se junta los fines de semana para jugarse una pichanga, y luego jugarse un full-vaso.
- El humor y las palomilladas de su pueblo.
- Un pueblo que muchas veces subestima el talento de su propia gente.
- Gente que le demuestre al pueblo que se equivoca y que sí se puede dejar el nombre del Perú en alto.
- Sus personajes, famosos e infames como: Humala, Bayli, La Chola Chabuca, Tongo, La Tigresa del Oriente, Magaly Medina, Laura Bozzo, Paco Ferrer, entre muchos otros igual de notables.
- Un pueblo que se une, para celebrar con los amigos, la familia y unas "chelas bien helenas al polo campos" el orgullo de haber nacido en ésta tierra.

Por todo eso, gracias Perú. Siempre orgulloso de ti.