jueves, 1 de octubre de 2009

Comienza el día



Hoy tuve que ir a Miraflores a imprimir unas fotos para presentarlas hoy mismo en la tarde. El día comenzó mal, me quedé dormido, y por ende, llegué tarde. Mientras más temprano llegara mejor, pero llegué una hora después de lo planeado. Consecuencia: la impresión estaría lista a la hora en la que tenía que presentar el trabajo.

Pensé "bueno, ya me cagué". Empecé a caminar mientras pensaba qué decirle a mi profe. Se me antojó una empandada. La seño que las vende en la 6 de Benavides no estaba. Eran las 11am y el día me seguía tratando mal. El hambre aún seguía asi que compré unas papitas de kiosko y empecé a caminar hasta el Parque Kennedy mientras comía.

Justo cuando terminaba de comer, pasaba un carro vacío. Sin pensarlo subí y me senté al lado del chofer. Prendí mi mp3, quise ponerme el cinturón de seguridad pero el seguro estaba roto... de hecho... no había seguro. El cinturón no me importó, seguí escuchando música mientras la Arequipa pasaba rapidamente frente a mi.

Parecía que el chofer hacía su última "vuelta" porque ibamos tan rápido que yo apenas podía respirar con la ventana abierta. Por un momento incluso pensé: "Si chocamos soy el primero que se caga porque ni cinturón tengo"

Para mi mala suerte (o la del condcutor) nos detuvo un policia. Al recordar que mi cinturón estaba roto rápidamente lo jalé hasta el tope y lo cubrí con mi brazo (no para ayudar, sino para llegar lo más rápido posible), de tal manera que parecía que estaba (bien) puesto. Todo en orden: avance.

Cuadrás más adelante el cobrador hace lo suyo y "Pasaje adelante". Cuando iba a pagarle oigo decir al chofer "No le cobres al chibolo, se hizo una con el tombo" Lo miré y asenté. Qué raro -pensé- chofer buena gente.

Viniendo de 28, y al momento de girar para Brasil, se disponía a cruzar la pista una señora con su bebé en brazos. El chofer detuvo de inmediato el carro. "Pase, seño", mientras mi cara estaba a 3 cm del parabrisas por la frenada tan brusca. Por un momento pensé "¿Qué mierda pasa? ¿Maneja como si quisiese morir pero cuando alguien necesita un gesto de cortesía no duda en dárselo?

Cuando mi asombro no podía estar más al límite, observo a mi derecha a un hombre invidente caminando por la vereda temeroso por el bullicio de los autos, buses y gente apurada cruzando las calles y solo acompañado por un viejo bastón de madera.

"Oe, anda ayuda al tío", oí que decía el chofer al cobrador". El cobrador, no mucho mayor que yo fue a cumplir la orden. El chofer por la ventana dirigía la operación: "Déjalo en el paradero ps, ´ta madre, ´ta que tu eres huevón ¿no? Dile a dónde va y embárcalo".

Esa mezcla de agresividad y gentileza no podían ser ciertas. Pero, de hecho, lo eran. No podía ser cierto que aquel sujeto detuviese el tráfico solo para ayudar a una una mujer y a un bebé que no eran suyos, a un invidente que no conocía, y que posiblemente, no iba a volver a ver jamás.

Todo me parecía tan irreal. Nunca me había pasado nada igual. Me quedé pensando en que, tal vez, después de todo, la gente no es como la gente cree, que nunca terminamos de conocer a las personas, y que, en muchos casos, a las que ya conocemos, no las conocemos tan bien como creemos.

Me bajé del carro pensando en qué pensar sobre lo que había visto, sobre ese chofer tan increiblemente irresponsable para conducir, pero tan increiblemente atento y preocupado por los demás. Mientras pensaba eso escucho un "Cruza rápido chibolo de mierda!!" Sonreí. Todo había vuelto a ser como siempre.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Recuerdo que...

Recuerdo que mi mamá me bañaba todos los días al promediar las 7 de la noche en el baño de su habitación. Recuerdo con nostalgia el agua caliente de esas duchas. Me encantaba sentir el vapor del agua viajando en el aire, es algo que nunca olvidaré. Tenía un bote marrón de plástico que me gustaba llevar conmigo al momento de cada ducha. Nunca me bañaba sin él. Y según recuerdo, aún lo conservo dentro de todas las cosas que llamamos “recuerdos de la niñez”. Me bañaba con shampoo Johnson, y una vez terminada la ducha, me ponía el perfume de la misma marca. En un momento llegué a pensar que Johnson era la única marca de shampoo y perfume. Por otro lado, algo que nunca olvidaré es que cada vez que cumplía años, se cocinaba en casa lo que yo quería, y siempre era milanesa, así que cada vez que era conciente de que crecía había un plato de milanesa servido en la mesa, por lo que es inevitable imaginar un cumpleaños sin esa comida. Aún hoy, recuerdo mi infancia, mis baños en agua caliente y el viejo bote marrón.

¿Madurar? No, gracias

Tuve mi primera enamorada a los 12, ella también tenía 12 y también era su primer enamorado, supongo que la relación debió ser buena pues duró un año y tres semanas. Sí, yo tampoco podía creerlo. Aprendí a ser atento, cariñoso, detallista y preocupado, todo lo que nunca pensé que podría ser; de hecho, me volví cursi. Con el paso del tiempo comprendí que era muy joven para llevar una relación tan larga. Ella ahora es una de mis mejores amigas, sin embargo, tenerla como enamorada fue una de mis peores decisiones. No odié la relación, odié haberla tenido tan pronto. Tenía 12 años y ya sentía el peso de ser adulto. Ella era buena enamorada, igualmente atenta, cariñosa, detallista y preocupada pero no podía seguir en una relación tan madura para mi inmadurez. No lo niego, fue un buen regalo para el futuro, pero no de los que deben recibirse a tan temprana edad. Ahora, ya con 20 años, puedo decir que ya maduré, o que al menos ya asumí el hecho de que en algún momento de nuestras vidas, la gran mayoría de nosotros perderá esa libertad que alguna vez tanto apreciamos y seremos cursis.

sábado, 29 de agosto de 2009

BIENVENIDO VANDALISMO

08/08/08

El día no deparaba mucha emoción. Solo en casa, tocando en mi habitación algunas canciones recibo una llamada. Potter quería que lo acompañe a hacerse un examen médico para sacar brevete. Nunca se hizo el examen, llegamos tarde al Touring. Fuimos a buscar a Oso y salieron unas chelas. Lugar y hora: La tienda. 0600 horas

Después de algunas rondas de cerveza y de fumar algunos cigarros, recordé que debíamos dinero a “tía de la tienda”. Decidimos “sacar la vuelta” antes de que ella también lo recordase y decidiese cobrarnos, o algo peor ¡¡quedarse con nuestras chelas!!

Al promediar las 7:30pm, salimos los 3 juntos sin saber qué hacer o a dónde ir, diviso a la distancia una polera azul, un tanto rosquete. Tenía que ser Chupete, no puede haber en Lima otra persona con una polera igual. “Vamos a mesitas” dijo alguien.

En mesitas nos esperaban más “cheliñas”. Entre tragos y bromas, suena el celular de Oso. El contesta… Habla… Fin de la llamada… Todos ¿Qué pasó?... “Mario baja".

Mario llegó plan de 8:30, y se unió al grupo despues de comprar más chelas, pero como todo lo bueno en esta vida, llegó el final. Las miradas mutuas de ansiedad y desesperación acabaron cuando Potter dijo “Vamos a Wong”.

Cuando decidí oponer resistencia ya tenía entre mis manos un ron y una Pepsi de 3 litros. “Ron no paso”. “Está cagao”. “Va a subir” … “Ya apúrate mierda que me toca”. De pronto suena mi celular… Contesto... Hablo... “Lucho viene en 5 minutos”

Lo vi venir, “ahí está ese hijo de puta”. Oso más efusivo que de costumbre “Luchiiiiiito huevooooon”. Lucho llegó pasada las 9 de la noche y solo estaba “de pasada” pues tenía un concierto en el centro de Lima. Era inconcebible que se fuera sobrio, por lo que no faltó el tan famoso: ¡Seco, seco, seco!

El tiempo pasó en medio de sermones mutuos, desahuevadas directas, insultos a terceros y ánimos a primeros. Fue así que, aunque la tarea parecía imposible y la botella inacabable, el ron llegaba a su fin después de casi una hora de batalla. Mario había partido bajo las tenues luces y la densa neblina pues tenía una reu cerca. Mi alegría por el término del rock´n´ron murió cuando Potter pronunció su ya famoso “Vamos a Wong”. Una plancha de 12 latas de cerveza.

Sentí que le faltaba algo de “novela” a la noche, por lo que me llevé a 2 de mis borrachos al baño, dejando así a los 2 restantes para que conversen algunos temas personales que estaban pendientes desde hace algunos meses. Una vez que habían tenido el tiempo suficiente para sacarse la mierda… en secos y volteados, decidimos volver y unirnos.

Todo estaba tranquilo, nada roto y ninguno sangraba. No habían tenido el tiempo suficiente. Las latas, no duraron mucho, así que era hora de ir pensando en un plan de contingencia. Nuestra mirada se centró en el Chifa Costasur.

Recuerdo poco el trayecto. Antes de pedir la carta, fuimos desfilando uno por uno hacia el baño. En algún momento recuerdo haberme cruzado ahí con Oso y Potter. La vida no es fácil, las cosas no salen como uno quisiera, la gente no es como uno espera que sea. Las lágrimas empiezan a caer, los abrazos empiezan a fluir, las palabras de los amigos valen más que las de alguien que sólo ves 2 o 3 horas al día.

Salimos, Chupete y Lucho se hallaban algo “emotivos”. ¿Por qué? Tal vez no deba revelarlo, pero las lágrimas en sus ojos me hicieron saber que por fin habían arreglado ese asunto pendiente.

El momento lacrimoso de la noche había llegado a su fin. Ya en la mesa, mirando el menú, recuerdo haber dicho “no tengo hambre”, pero la verdad es que la fuente que costó casi 60 soles estaba vacía al cabo de unos minutos, dejando solo algunos wantanes y el jugo de tamarindo. Todos satisfechos. Todos hechos mierda por mezclar chela, ron, chela de nuevo y chifa.

Hicimos una pequeña sobremesa para “bajarla”, de pronto escuchamos en el segundo piso del local un karaoke. Al no poder estar en pie, decidimos cantar sobre nuestros asientos, uno frente a otro, haciendo un gran escándalo que posiblemente despertó a todo San Miguel y distritos colindantes.

Ya estábamos mejor, dispuestos a ir al segundo piso y pasarla bien. Sin embargo, los chinos de mierda nos prohibieron el pase por escandalosos (yo creo que por borrachos) y no solo eso, ya que nuestra osadía hizo que nos echen del chifa. Si no amenacé con llamar a Migraciones es porque ya estaba en una galaxia, muy, muy lejana, y porque nos dieron “para llevar” los wantanes y tamarindo que quedaban.

Lucho, Chupete y yo nos pusimos a conversar en la vereda mientras esperábamos a Oso y Potter. Gracias a Potter, salieron con dos botellas de vino, “las más dulces”, dijo Oso. Volvimos a mesitas. Esta vez era para “irnos –oficialmente- a la mierda”.

¿Vino + Wantan? No recomendable. Después de muchos intentos, finiquitamos todo lo que teníamos entre las manos. Por otro lado, los “guachimanes” del Shopping creaban un cántico coral con sus silbatos. Nuestro estado era deplorable. No caminábamos bien. No vocalizábamos correctamente. Entendíamos las bromas del otro cuando un tercero ya había hecho otra broma.

Al ver venir a un “guachimán” hacia nosotros, me vi hacer lo mismo en un afán de desafiarlo, pero al ver que cogía su macana dije “Mejor aquí corrió, que aquí murió… y peor si es por borracho”.

Salimos de Plaza e iniciamos la caminata hasta La Marina con Universitaria para embarcar a Oso. En medio de Universitaria, “no sé por qué” (esa estúpida excusa está de moda, así que, veamos qué tan eficiente es) intentamos sacar del suelo el cartel de “estacionamiento de bicicletas”. Fallamos.

Al ver nuestro intento frustrado, decidimos cruzar la pista. Al hacerlo, vimos algo. Lucho y yo, en una borrachera casi sincronizada dijimos “El kiosko, huevón”. Quisimos… no se ni qué quisimos hacer pero también fallamos.Por algún motivo que no logro recordar, Oso no se fue para La Marina, por el contrario, empezó a caminar con nosotros hacia Bolívar.

“Esto no puedo quedar así”, pensé. Mientras caminábamos hacia nuestro destino final, mi hombro se topó con un teléfono público de Telefónica. La caminata seguía y yo intentaba entablar una conversación poniéndome al oído el auricular que acaba de adquirir. Las bromas iban y venían, así como también venía otro teléfono público, esta vez, era Telmex, esta vez, era turno de Lucho.

Lucho hizo uso de su descomunal fuerza, pero no logró su cometido. Al ver lo sucedido dije “Lucho, toma”, de pronto por los aires giraba “mi” teléfono público con cordón incluido. Lucho supo recibirlo. Lucho supo darle uso. Lucho supo destrozar en mil pedazos el vidrio que creaba la cabina telefónica.

En ese momento supe que los 5 podíamos haber participado en las Olimpiadas de Beijing sin dificultad. Recorrimos fácilmente 500 metros en apenas unos pocos segundos. Oso, al no poder seguir en su estado, decidió decirnos adiós y regresar a La Marina. Ahora solo éramos 4, mal augurio de que la noche estaba por llegar a su fin.

Poco después de ese acto, mientras caminábamos un poco más calmados, el desbande parecía llegar a su fin. No podía estar más equivocado. Éramos 4, pero atacábamos en parejas. Chupete y Potter hacían lo propio golpeando cuanto anuncio publicitario obstaculizara su camino. Ace de La Mar nos recibia con una inmensa pila de ladrillos de todo tipo. Poco se sobre ello así que baste decir que nunca en mi vida había visto tanto naranja junto.

“¿Habla Chupete?” oí decir. Empezaron a coger ladrillos y a dejarlos caer contra el pavimento. Lucho y yo, algo más revoltosos, optamos por hacer parecer lo ocurrido como una protesta en la panamericana. La pista se vio obstruida por algunos de ellos. ¡Cómo pesaban esos ladrillos de mierda!

Potter, “por si acaso”, decidió coger uno, y guardarlo en su mochila, pero como repito, fue solo “por si acaso”. Caminábamos y sentíamos susurros al oído que no eran otra cosa que los silbatos de los “guachimanes". “A correr muchachos”. Potter corría gritando “Es una cagada correr con un ladrillo en la mochila”. Supongo que debe ser cierto.

Un poco más allá, habían unas paredes blancas con carteles publicitarios de películas con alumbrado. “Lucho, pásame el teléfono”. Como quien usa una “matachola”, dirigí mi fuerza y abalancé mi adrenalina sobre los fluorescentes encima de 2 carteles. Lo siento Wall-e, pero recordé a una amiga y tuve que hacerlo. Lo siento… pero no recuerdo cuál era la otra película que publicitaban.

El paradero estaba muy cerca, la despedida era inminente y la resaca era segura. Lucho y Chupete cruzaron la pista para dirigirse a La Marina y Bolívar, respectivamente, pero ¿No veníamos de ahí? En fin, después de varios intentos de querer tomar taxi con 3 soles en el bolsillo, deciden caminar hacia La Marina para emprender el viaje de vuelta a casa. De nuevo, ¿no veníamos de ahí? ¡¡Par de huevones!!

Potter y yo nos quedamos esperando carro, yo tomé una combi que me aseguraba llegar vivo a mi casa, o al menos, hasta el paradero. El, por otro lado, tomó un taxi hacia la suya. El taxista tenía pinta de pocos amigos y de cacha-cabros, por lo que Potter temió por su vida y optó por tener listo el ladrillo que guardaba en la mochila.

Oso llegó a su casa antes de las 2am, Lucho y yo a las 2:30am. Chupete a las 4am. Y Potter… pues no sabemos nada de él desde aquél día de vandalismo. Esperamos que esté bien… “Bueno muchachos”, gracias a los 4 por ese día. Yo, desde ya, les prometo otro igual a la brevedad posible.

Chicas, las quiero un culo, pero ¿saben por qué los “quiero un culo”? Porque no solo son buenos amigos, son mis mejores amigos.

Los mentirosos no eligen un día para dejar de mentir. Los buenos amigos no eligen un día para dejar de serlo. Y si lo hicieron, simplemente nunca fueron “buenos amigos”. Y se que ustedes lo son.

Ah, y por cierto, todos estamos castigados hasta nuevo aviso. Fin de la historia.

NOCHE DE PAZ, NOCHE DE ALCOHOL

Eran las 3pm del 25/12/07 y no podía estar más aburrido en casa. Esperaba con ansias que alguien llamara para hacer planes. Cuando ya estaba a punto de pegarme un tiro llama Chicharra. “Oe vaos a tocar”. Así haya sido para discutir un texto de filosofía yo hubiese atracado al instante con tal de salir. “Ok, nos vemos las 5:30 en la sala”.

Segundos después vuelve a sonar el celular. “Oe Chino, soy Xixo, estoy en la jato de Edú, vente pa hacer algo”. Le conté de los planes que había hecho 30 segundos antes que me llamara. Pero era Navidad, momento de unión y paz. “Vayan a la sala y la armamos mientras tocamos”. El aceptó. Yo, por mi parte, me encargué también de invitar a mis borrachos preferidos, de los cuales solo pudieron asistir Oso y Lucho

Sala de Ensayo Decibel, Pueblo Libre, 5pm. Antes de entrar, la gente decide implementarse con un par de “berracos” y una cajetilla de puchos. Eso bastó para que el ensayo se convirtiera en una de nuestras ya tan famosas tocadas/chupetas. Ya dentro, Edú me dijo que también bajarían Kalu y Chepe, me pareció bacán. Una navidad Banca vs Erección 54

Éramos 10 personas en una sala de 6x6 m aprox, por lo que había espacio suficiente para poguear, saltar, gritar o simplemente permanecer sentado bajo un amplificador. La hora del ensayo transcurrió en medio de pedidos musicales y jodas comunales.

La gente se peleaba por el trago, todos querían que llegue su turno, obviamente, los músicos también. Temas como Nid, Borracho en el bar, Mal ejemplo, Oportunidad, Viernes, Pérdida de tiempo y Por ti fueron los causantes de que más de uno se empilase a más no poder.

7pm. Fin del ensayo. No había esperanza de comprar más trago. Pero ¿para qué comprar más trago si Kalu guardaba en su bolso un Smirnoff?. La Pepsi salió de inmediato de una tienda muy cercana. Diez personas tomando en círculo en la rotonda de un pequeño parque aledaño. Después de un breve incidente con un sujeto que quiso unirse al grupo sin poner ni mierda, la gente se encontraba navideñamente empilada.

Eran casi las 10 pm y todos teníamos que partir. Pero noté algunas caras inconformes con la cantidad de alcohol ingerido aquella noche así que dije “Vao a mi jato, ahí en el parque la seguimos”. En menos de 1 minuto ya estábamos dentro de un taxi camino a mi casa. Edú había ido a dejar a Kalu a la casa de Chepe en Jesús María pues pasaría la noche ahí, esto lo hizo bajo la promesa de luego ir a mi casa y unirse. Nunca llegó.

Llegué a casa, saqué algunos soles, y a pedido de unos cuantos villancicos, también saqué mi guitarra. “Vamos al parque”. Oso, Lucho, Xixo, Chicharra, Muela, Betto y yo nos sentamos en la vereda a tomar el jonca de chelas que acabábamos de comprar. Recuerdo que Oso repetía como niña “Toca A donde vas?”. Yo tocaba. Xixo decía “Chino, la propia huevón”. Yo tocaba. Seguían pidiendo. Ya no tocaba, mis dedos no coordinaban.

Media noche. Oso nos contaba, a Xixo y a mi, algunos de sus problemas. Recuerdo que Xixo, caminando en zigzag hacia nosotros, repetía con la mirada perdida. “Quién es huevón, tú dime, es el negro no?. Negro conchasumadre, ya se cagó, ya se cagó ese huevón”. Cuando terminó de decir todo eso, Oso y yo ya estábamos en otro lado chupando solos. La gente iba cayendo y serenazgo nos echó del parque. “Ta mare, ni en mi parque puedo chupar carajo”, pensé.

Mientras nos íbamos a un lugar más caleta tomamos lista de borrachos. De pronto oí “Lucho no está”. Santo borracho Batman. Nos repartimos, Oso y Xixo irían para Venezuela, yo, para Colonial. Chicharra y Betto se quedarían cuidando al hasta entonces borracho de la noche: Muela.

Buscando por alguna calle que no logro recordar un guachimán se dirige a mi “¿A quién busca joven?”. Respondo al instante “A mi amigo, esta vestido de plomo. ¿Lo ha visto?”. Casi me da un ataque de risa al oír “Se fue corriendo para Metro. ¿Está bien borracho no?"

Llego hasta el lugar indicado. Paisaje desolado, ni un alma, ni una sombra ni un aire de esperanza. Derrotado vuelvo hasta estar frente a la U.V.3. Estaba decidido a lanzarme hacia ella para seguir con la búsqueda. En verdad, me cagaba de miedo pero es ley universal nunca abandonar a un borracho.

Cuando estaba punto de entrar a la boca del lobo veo que por mi derecha venía un sujeto vestido de plomo apoyándose en las paredes para estar en pie. Corrí a su encuentro. Según me contó. No sabía que había pasado, y que cuando reaccionó se hallaba a puertas de Metro y al entrar en pánico decidió regresar presuroso.

Una vez de vuelta, noté que las cosas habían cambiado en los pocos minutos que duró mi ausencia. Oso mandaba a la mierda a Xixo al ver que éste seguía repitiendo “Dime quién es, huevón”, Chicharra y Betto hablaban incoherencias casi vomitando, mientras Muela desvariaba tirado en el pasto mirando al cielo

Las cosas se calmaron cuando todos vimos que Lucho seguía tomando cerveza con la misma destreza que antes. Hasta hubo un momento en el que recuerdo que él lucía aparentemente muerto en vida, sentado y apoyando la cabeza sobre sus rodillas intentando “vomitrear” (vocablo que proviene de la unión de los verbos vomitar y witrear). Le dije “Lucho, huevón, ¿estas bien?” Me cagó al levantar la mirada y responderme con la mayor tranquilidad del mundo “Sí huevón, qué fue?”.

La cerveza volvió a terminarse, al igual que los cigarros. Nuevamente, fuimos a comprar a la tienda de Ruffi. Fui con Oso, Chicharra y Betto mientras Xixo cuidaba a Muela y a Lucho. Al ver la cantidad de margaros comprados, Betto y Chicharra decidieron abortar la misión y decirnos adiós al promediar las 2 de la mañana.

Oso y yo volvimos con el trago en mano solo para darnos con la sorpresa de que Lucho, nuevamente, había desaparecido. Xixo me dijo “Se fue corriendo para allá, Chinazo”. Era una larga calle y no había ni rastro de él, por lo que sólo nos quedó esperar que llegara ebrio y salvo a su casa.

Muela había entrado en un coma etílico increíble, por lo que me pareció sorprendente que no tuviese espasmos. Oso se percató de que se le habían caído casi 70 soles del bolsillo. Tras una larga búsqueda en el parque, no logramos recuperarlos. Al seguir chupando los 3 sobrevivientes a tan larga jornada navideña, serenazgo hizo lo propio y esta vez sí puso mano dura y nos echó del lugar bajo advertencia de levantarnos.

“Vamos a chupar en la puerta de Ruffi”. Tomando sentados en la vereda de la tienda, noto que a unos pocos pasos había una caseta de guachimán. Estaba vacía. Por una pequeña ventana de dicha caseta logro meter mi brazo y abrirla desde dentro. Xixo sacó un viejo cojín del interior y lo puso en la vereda para preservar su culito de recién nacido.

Oso estaba empecinado en ir a buscar a su enamorada. “Oso, son las 4 huevón, te van a cagar en su jato”. El respondía casi sin pensar “Qué chucha, quiero ir a verla”. Xixo tomaba un margaro de pico, por lo que poco a poco iba alcanzando el estado de Muela. Decidimos acabar con toda la chela restante lo antes posible. Hasta Muela contribuyó con tan difícil tarea.

Al promediar las 4:30, la jornada llegaba a su fin. Yo regresaba, guitarra en mano, a mi casa. Oso partía camino al sol. Y... bueno... Muela y Xixo… se quedaron a dormir… en el interior de la caseta de guachimán que habíamos abierto minutos antes.

La resaca nos duró hasta bajada de reyes.