martes, 8 de febrero de 2011

Donde estés

Me dejaste un adiós, dejaste a mis brazos esperando cruzarse con los tuyos y saber que así sería. No sólo me dejaste eso, sino también recuerdos inconclusos que tuvieron finales forzados por mi mente.

Seis años no fueron poco, pero tampoco fueron mucho, de hecho, a veces creo que no fueron nada, menos aún cuando uno no sabe que parte de su vida tiene una fecha de vencimiento.

¿Que cómo estoy? Es muy tarde para preguntar, ¿no lo crees? ¿Cómo estarás? No creo que deba saberlo, no creo que quiera saberlo, y supongo que tú tampoco quisieras que lo sepa.

Algunos no están hechos para querer ni para cuidar de otro, mucho menos para cuidarse a sí mismos. Probablemente por eso nunca te juzgué, porque así eras. Cada camino tomado siempre parece ser peor que el que hubiésemos querido tomar cuando la única que parece tener razón es la retrospectiva.

Me hubiese gustado aprovechar cada momento, cada abrazo, cada mañana al despertar y cada noche esperando por ti. Me hubiese gustado que no te fueras, que no te fueras nunca. No sé si tengo algo que agradecerte, o algo por qué odiarte. Pero al menos, como dice mamá, nos diste, sin quererlo, los mejores regalos que hayamos podido recibir. A ella, alguien por quién vivir, y a mi, al menos la mitad de lo que debí recibir, media familia.

¿Que cómo estoy? Haciendo lo único que puedo hacer por ti. Escribiéndote una carta que nunca leerás, preguntándome tantas cosas y obteniendo ninguna respuesta. ¿Cómo estarás? Espero que, donde estés, cerca, lejos, vivo o muerto, sonrías al menos una vez al día, porque, gracias a ti, entendí que hay sonrisas de tristeza, de nostalgia, de felicidad, y sinceramente espero que al menos una de ellas pueda esbozarse en tu rostro, donde estés.